PRIMEROS TIEMPOS

En 1967 Librado Carrasco Rubio cambió su oficio de panadero y empezó a tostar frutos secos en el horno de pan de toda la vida. Comenzó también a distribuirlos con sus primeras furgonetas, modelos de los años 50 y 60, que harían las delicias de cualquier coleccionista de hoy en día.
Inicialmente, se hacía todo a mano, sin máquinas para mezclar el producto con la sal y la harina. Se ponían los frutos secos en cubos con un poco de agua, sal y harina y se mezclaban a mano. Luego se echaban en las llandas que se metían en el horno y que cada poco tiempo había que sacar y remover con una especie de rastrillo de metal.

ACTUALIDAD

Nuestro primer horno de pan dio paso a los hornos eléctricos de bandejas y al actual horno de cintas que tuesta y remueve el producto automáticamente, lo mantiene el tiempo justo y le da el calor de manera gradual para conseguir el punto de tostado y sabor que nos caracteriza.

Nuestra primer máquina automática

Cuando sale el producto, pasa por una cinta que lo enfría en pocos minutos y lo deja listo para ser envasado. No os podéis imaginar el calor que pasábamos en el tostadero en verano cuando el producto se enfriaba al aire con ventiladores o sobre la mesa de trabajo, y lo bien que se estaba en los fríos inviernos manchegos.

Para embolsar el producto, el pesado se hacía contándolo (como las almendras), por volumen o con básculas mecánicas. Poco a poco fuimos adquiriendo máquinas que automatizaban el proceso y sobre todo lo aceleraban, como la de la foto que es la segunda máquina que tuvimos y que fue toda una revolución por la «velocidad» con la que envasaba el producto. Tenía un contador automático de bolsas que cambiaba entre dos cubos cuando llegaba al número «programado». Le pusimos de nombre de Mazinger II.

En la actualidad las máquinas envasadoras son automáticas, calculan el peso exacto y su rapidez hace que todos nuestros productos tengan el mínimo contacto con el aire, manteniendo su frescura y sabor.

NUESTRO SECRETO

Pero con  el paso de los años hay algo que sigue igual: el sabor de nuestros frutos secos. Nuestro lema es “calidad y tradición” que la damos siguiendo las pautas que, generación tras generación hemos ido aprendiendo y que mantenemos: